¿Pero que ladras pavo?

 

blog escrito por el cuasatar, 11 de abr del 2021

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¿Pero que ladras pavo? - Dibujo creado por El Cuasatar
 

El español como cualquier otro idioma, se caracteriza porque algunas de sus palabras tienen diversos significados, y en el caso particular de la expansión del idioma por todo el continente americano, ha hecho que nuestros pueblos se presenten graciosas y divertidas confusiones por usar una palabra de manera errónea, ya que en el contexto en el que se usan, tienen un significado completamente diferente al que nosotros estamos acostumbrados a usar.

La palabra que traigo a colación el día de hoy, es el pavo. Para la mayoría de nosotros es simple y llanamente esa ave del orden de las galliformes (aunque entre los pavos más radicales, existe una pelea a muerte, ya que les ofende que las comparen con un gallo), cuyo cuello largo y raro y curioso glugluteo, hace que se destaque por encima de las demás.

El primer contacto que tuve con esta ave, fue el famoso pavo de Navidad, el cual estaba más seco y duro que la suela de un zapato, dejándome un mal sabor de boca cada vez que me lo brindaban en casa ajena, durante las fiestas decembrinas.

Pero antes de que el sabor del pavo horneado dañara mis fiestas navideñas, mis padres ya utilizaban esta palabra, al narrar sus historias de juventud. En esas historias se hablaba mucho de las mujeres poco agraciadas que se quedaban comiendo pavo, es decir que nadie las invitaba a bailar y tenían la horrible tarea de quedarse cuidando los bolsos y chaquetas de sus compañeros de fiesta, mientras que todos se lo pasaban de lo lindo dándole brillo a la baldosa. Todo esto cambió cuando un grupo español llamado "Ella baila sola" mostró que las chicas podían salir a divertirse, sin necesidad de que alguien las sacara a bailar.

Las invitaciones a las fiestas antes mencionadas, comenzaban a darse en la famosa edad del pavo, en la cual los niños se convierten en adolescentes y comienzan a dejar de hacer las estupideces que hacen los niños, para cambiarlas por las estupideces propias de los adolescentes. Así como los pavos cambian su plumaje, los jóvenes en la edad del pavo sufren diversos cambios físicos, así como cambios en su voz con los famosos "gallos" que le suelen salir al hablar (aunque sí es la edad del pavo, le deberían llamar glugluteos, digo yo).

En estas fiestas, si bien la mayoría de personas habían entrado porque las habían invitado, nunca faltaba el que había entrado de pavo, es decir colándose en la misma sin ni siquiera comprar un detalle a los dueños de casa, ya que no contaban con pavos suficientes para comprar el más mínimo detalle (lo que me hace pensar que las personas más ricas del mundo, en lugar de tener reservas de oro, deben tener galpones gigantescos donde guardan todos sus pavos). Era bastante común que al haber varios invitados a la fiesta, en algunas ocasiones no se pudiera controlar a todos los invitados que ingresaban a la misma. Estos gorrones generalmente se lo pasaban lo más bien, ya que no habían pagado por la comida ni la bebida que allí se brindaba.

En estos guateques, siempre estaban muchachos que le echaban el ojo a cualquier muchacha bonita que se encontrará sola, apenas encontraban su presa la sacaban a bailar, aprovechando el acercamiento durante el baile hacían comentarios que hacían que su compañera de baile se le subiera el pavo, es decir que se ruborizaba ante sus insinuaciones y coqueteos.

Otros muchachos que ya tenían pareja se la pasaban pelando la pava, es decir conversando con su enamorada y qué mejor oportunidad que estas fiestas en las cuales podrían tener un poco de privacidad y la ayuda de sus amigos para conversar tranquilamente y disfrutar de su amor, sin tener algún inoportuno e impertinente chaperón.

En estas reuniones algunas chicas, en aras de mostrar que ya habían dejado de ser unas niñas y se habían convertido en unas señoritas, pasaban horas y horas en el espejo peinándose su pavo, es decir el flequillo de las formas más curiosas y divertidas posibles. Si bien algunos de estos ayudaban mucho a dar un aspecto agradable a las muchachas, otros eran más parecidos al capul de burra mocha, generando no pocas bromas y comentarios hilarantes entre los invitados por tan desafortunado peinado.

En este universo variopinto de la fiesta, estaba el muchacho engreído y prepotente, que se creía un pavo real, se lo podía reconocer fácilmente porque había gastado mucho dinero en la pinta que usaba, usando joyas y relojes los cuales no eran precisamente un moco de pavo. Era fácil distinguirlo no sólo porque se la pasaba pavoneándose henchido de orgullo frente a todos los invitados, sino porque se la pasaba diciendo pavadas, con una prepotencia propia del que cree que todo lo puede comprar con dinero.

Ya por último, pero no por eso menos importante, tenemos al gañán de turno, el cual desconociendo cualquier clase de modales llegaba a la fiesta con unas pintas completamente diferentes a la de los demás invitados, despotricando de la música que estaban colocando, quejándose de la comida y poniendo problemas. Cuando el dueño de la fiesta los increpaba a salirse de la misma por su clara grosería y falta de respeto con los invitados, obtenía como respuesta un ¿pero que ladras pavo? Al escuchar semejante expresión, solo me quedaba pensar cuán avanzados eran los pavos de aquella época, que incluso ya eran capaces de hablar con sus pares caninos y hablaban en "gugludridos" o "ladriteos",haciendo gala de su bilingüismo.

Lo que había empezado como una alegre y animada fiesta, terminaba convirtiéndose en una acalorada pelea solo comparable a la de CuasZilla y Pavo Kong, mientras los invitados corrían como locos para salvar su integridad física, en una esquina solitaria, una quinceañera disfrutaba sin inmutarse en lo más mínimo, la pieza de pavo que eternamente estaba condenada a comer en todas las fiestas.