El Chirimbolo se hace, no nace

 

blog escrito por el cuasatar, 02 de may del 2015

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El Chirimbolo se hace, no nace - Dibujo creado por El Cuasatar
 

Es bastante común que durante la vida una persona ejerza diferentes profesiones, este proceso permitirá que con el paso de los años la persona encuentre su verdadera vocación que le permitirá ganarse el pan diario con el sudor de su frente.

El primer trabajo que tuve yo en mi vida no fue propiamente producto de una vocación o un llamado de la naturaleza en donde yo explotara mis habilidades naturales. Al no generar ningún tipo de ingreso económico a mi hogar era de esperarse que de alguna forma colaborará con los oficios propios de la casa.

Muchos se jactarán de decir que su primer trabajo fue vendiendo hamburguesas, trabajando como salvavidas en verano, siendo recreacionistas en fiestas o vendiendo ropa, trabajos todos propios de la adolescencia que les permitieron a muchos conseguir sus primeros céntimos en pos de evitar que sus vacaciones fueran tristes y aburridas jornadas sentados en el parque sin tener nada que hacer.

Sin embargo mi primer empleo no fue el típico que tenían todos los adolescentes, mi destino estaba marcado para ser un chirimbolo. Para los que quedaron con cara de no entender ni mu, es necesario ponerlos en contexto. En la tierra de donde es originaria mi familia existe un curioso dialecto en el cual se mezcla el español y el quechua. En dicho dialecto la palabra chirimbolo significa simple y llanamente el muchacho que hace los mandados.

En estos momentos se que muchos leerán estas líneas con ojos de incredulidad, porque consideran que ser un mandadero no puede ser considerado como un trabajo, por el contrario se trata de una labor aburrida, plana y sin gracia, destinada a los desafortunados que los pillaron mal parqueados sin tener nada que hacer.

A pesar de tratarse de una labor simple y sencilla que no necesita conocimientos previos, siempre se recomienda a los iniciados leer con atención los consejos que vienen en la revista “Ser chirimbolo hoy” y seguirlos al pie de la letra. Lo primero que se debe saber de esta noble profesión es que es al ser una labor que no genera ningún tipo de ingresos económicos, se debe buscar la satisfacción personal en otro tipo de recompensas.

Si bien ser chirimbolo no es sumamente complejo si es una profesión que requiere una metodología para ejercerla con dignidad. Lo primero que un buen chirimbolo debe saber es que esta profesión no tiene horario y se debe estar siempre dispuesto a prestar los servicios a cualquier hora del día. Generalmente el universo se confabula en contra de uno para que el momento en que se debe hacer el mandado está asociado al momento del día en el cual están pasando los goles por la televisión o cuando ha sido convocado para disputar la gaseosa en el famoso clásico inter barrios. Ante este escenario digno del infierno de Dante el chirimbolo sólo tiene dos opciones: La primera de ellas es realizar una fuerte y contundente diatriba exigiendo los derechos sindicales a los cuales tiene derecho por ser miembro de ASOCHIRIMBOLOS como son el reconocimiento del pago de horas extras, el derecho al descanso, el derecho a un medio de transporte digno para hacer los mandados, todo esto amparado por la constitución y las leyes de nuestros países. Una vez lanzado este fuerte e incendiario discurso es que el chirimbolo se da cuenta que la segunda opción que tiene es la de no decir nada, ya que no tiene derecho a opinar y por el contrario debe correr a hacer el mandado a toda ostia, si no quiere terminar con una buena colleja por osarse a levantar su voz para protestar.

Uno de los temas más controversiales entre el gremio de los chirimbolos es el recibir algún tipo de recompensa económica por su labor. Los más puristas  consideran que recibir algún tipo de dinero por su labor es faltar a sus más puros códigos éticos de fidelidad y lealtad y que el solo pensar en ello puede ser causal para ser expulsado del sindicato. Sin embargo la gran mayoría creen firmemente  que todo esfuerzo debe verse recompensado y recibir un premio por su labor. Los chirimbolos más afortunados reciben una propina por hacer el mandado aunque no sobra aclarar que dicha contribución generalmente no alcanza ni para la cuota inicial de los chuches pero por lo menos ayuda a realizar los mandados de buena gana y sin hacer mala cara. Un grupo más radical considera que deben emular a Robín Hood y deben robar a los más ricos para dar a los más pobres. Por ricos entiéndase a quien da el dinero para hacer los mandados (no importa si da 5 o 100 duros) y por pobre entiéndase el mandadero.  A diferencia de nuestro  noble amigo Robín “el capuchas” Hood los chirimbolos roban para sí mismos, incluso por buenas fuentes se que algunos de ellos pasaron de ser chirimbolos a jefe de los chirimbolos de las tiendas de barrio.

Por lo narrado anteriormente muchos pensarían que la profesión de Chirimbolo es triste y solitaria. Nada más lejos de la realidad. El oficio se puede hacer menos tedioso si se cuenta con la ayuda y compañía de un compañero o compañera de infortunio. Si bien para hacer un mandado no se necesitan más que una persona el tener un acompañante hace que la larga ruta se haga más amena y divertida. Una de las actividades favoritas de este grupo de desafortunados seres es la de inventar todos los días nuevas bromas al tendero que los atiende. Esta noble y difícil valor está condicionada a la agilidad mental para crear un gracejo en cuestión de segundos.  No sobra aclarar que esta labor debe hacerse con gran profesionalismo porque las bromas deben estar diseñadas para que el tendero salga con una sonrisa y te atienda de buena gana al día siguiente, si por el contrario la broma ha sido de mal gusto no se extrañen amigos chirimboleros que al día siguiente la leche que les vendan esté cortada o al tendero se le “olvide” entregarles el vuelto completo.

El ser Chirimbolo no solamente da habilidades para caminar muchas cuadras, también los convierte en ágiles e intrépidos economistas. Un Chirimbolo eficiente debe estar en capacidad de memorizar múltiples productos con sus precios, así como prever posibles aumentos del mismo a lo largo del año. De igual forma debe realizar rápidos y ágiles cálculos mentales  para poder saber cuánto dinero es necesario para realizar un mandado. Tal agilidad y experticia no es en vano. Un mal cálculo del dinero  para hacer una vuelta puede provocar que nuestro pobre amigo deba devolverse a su casa con las manos vacías por no haber tenido en cuenta que en enero los precios de todo suben y tener que caminar el doble para comprar un producto.

Hoy en día cuando la magia de las compras a domicilio y el internet han hecho que me encuentre en uso de buen retiro de la labor de chirimbolo, es imposible no mirar atrás y recordar con cariño  esas largas caminatas en pos de la leche y el pan. Mi noble sacrificio siempre se veía recompensado al día siguiente cuando veía mi desayuno recién preparado, el cual me daba energías para comenzar una nueva aventura.